Dejamos
huecos en la cama, dejamos suspiros, caricias, amor, tristeza, secretos. El
sudor divago nuestros cuerpos unidos con excitación. Despertamos hasta el fin
de los tiempos perteneciéndonos, recordé lo que nos hizo pasar el mal de
amores. Vino el domingo y las noches pesadas con eclipses lunares se hicieron
nuestras. Tu sonrisa fue mía al igual que tu mal humor que a veces te
acompañaba hasta la puerta. Disfrute buscar el otro par de tu arete cada vez
que nos metíamos a la cama y es que con mucho jaloneo de nuestra parte se caía.
Aquellas medias con lunares quedaron entre mis cosas, al pasar el tiempo el
invierno nos descubrió y la navidad llego, dejándonos llevar con ella. Pasamos
cosas juntos, cosas que una y mil veces quisiera repetir y es que tú dejándolo
a él y yo abandonado por ella. Así entre
nosotros decidimos desquitar nuestras ganas, nuestro sufrimiento por el siempre
hecho de ser o no amado. Sin darnos cuenta, sin darme cuenta comencé sin saber
nada de ti y hoy termine sabiendo todo. La manera en que minuciosamente
cortabas la orilla de tu pan. Como olías después de cada baño, un olor a
arándanos sobre tu piel. Y que se sentía tan bien oler. Memorice el pasar de los
días sobre tus uñas con ese horrible color azul carcomido sobre estas, pero que
a ti te quedaba tan bien. Tú y tus hoyuelos cada vez que te sonrojabas, reías o
llorabas. El silencio que dejabas cada vez que te quedabas dormida o que leías.
Todo eso. Y pensar que todo este tiempo estaba yo con mi sufrimiento por ser
dejado que era lo que me tenía de una manera perdido. Pensaba que esto era solo interacción entre
ambos cuerpos y que no sería otra cosa más que eso. Deje atrás las
posibilidades de que habría más, lo siento. Equivocación mía.
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