Fuiste
todo un cambio, uno drástico para acabarla. Tengo este agrado hacia ti que me
fascina sentir. Mientras existe la costumbre entre nuestros alientos y respiros
te has convertido en ese todo que quiero conservar hasta que ya mi corazón no
pueda más y mis pulmones se cansen de inhalar y exhalar. Te diré esto: nadie
como tú había pasado sobre mí, sobre mi cuerpo y tú solo caminaste, te
acercaste y te quedaste. Desde allí, haz ido dejando cada una de tus
respiraciones sobre la textura de mis labios. He doblado por cada esquina que
se encontraba entre esas cortas piernas.
Y yo por otro lado he sentido una cálida satisfacción al hacerte sentir placer,
al ver en tu cara los signos de que me estabas disfrutando cuando desgarraba tu
vientre, desgarraba todas esas partes de tu cuerpo que encuentro curiosas. Y
hasta sin más no poder hacer que todo mi ser cayera sobre tu piel
aterciopelada. Me has mostrado partes de ti que quiero tener conmigo, aunque
sea en hojas de papel para leerlas y recordar que es lo que me hace amarte. Y
te disfruto. ¡Oh sí que te disfruto! Cada segundo de ti, cada mirada
sentenciada a quedar congelada, cada roce de piel que no duele, que al
contrario se ha hecho una locura más para mi mente. Es lo que me da ganas de
merodearte más de lo que te imaginas, buscarte y encontrarte, todo a la
vez. Me encanta ser parte de tus miles
gustos, eso me ha hecho carecer de egoísmo con mi cariño. Dime, dime ¿porque el
sabor de tu saliva al besarme es un remedio para este cuerpo que estaba
cortado, que estaba abierto a muchas posibilidades pero no a una como esta? Ya
no puedo hacer más me tienes enganchado a tus brazos, piernas, manos, cuello,
ojos, boca a toda tu. Si, al parecer eres para este cuerpo que no creía que
aguantara tanto.
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